Estudia para tener un buen trabajo y un buen sueldo, y podrás vivir al día y estar tranquila

Tampoco hacía falta convencerme. Desde pequeña tuve claro lo que me gustaba hacer y sabía que, para poder dedicarme a lo que quería, tenía que pasar por el trámite de cursar una carrera (y lo que surgiese después). Hoy, con una licenciatura y dos masters terminados, me sigue viniendo a la mente esta frase de mis padres, y no puedo evitar sonreír.

Me considero una persona con suerte, porque he podido estudiar gracias a mis padres, y me sube la bilis cuando veo la de horas que se pasan –y se queman– en el trabajo para que nosotros podamos formarnos y llevar una vida normal. Digo que me considero con suerte porque muchos ni trabajando dos personas 40 horas semanales pueden vivir de manera digna.«El trabajo dignifica», he escuchado muchas veces. Ciertamente es así para los que trabajamos de lo que nos apasiona, pero la afirmación pierde todo el sentido cuando el otro elemento de la ecuación, la estabilidad económica –ergo el otro peso que evita que la balanza se decante–, son los padres. Literalmente y en sentido figurado. Porque no existe en este país y, por otra parte, como no existe, ellos son los que sustentan a los jóvenes.

Nos dicen que hemos pasado la crisis, pero los sueldos siguen siendo irrisorios en todos los trabajos que no sean “de responsabilidad”. Malos momentos para los que no tienen la fortuna de ser jefes. En un mundo globalizado en el que el dinero es fundamental, también lo debe ser asegurar y blindar el de los trabajadores de un país, sean del sector que sean. Todos somos necesarios. Es lo que me dice el sentido común, la consciencia y la ética. No soy experta en economía; simplemente aplico una lógica que, visto lo visto, debe ser más difícil de conseguir que el primer premio del Euromillones.

A la gente que nos gobierna le da igual irse a dormir cada noche sabiendo que el precio de los alquileres es de 700 euros de media, exactamente igual que el sueldo base en España. No hace falta debatir nada más. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué esta pasividad y este conformismo? ¿Ya nos va bien así? No me interesa que me vendan que la macroeconomía se recupera si eso no se refleja en la mejora de los sueldos y, como consecuencia, la calidad de vida de la clase media y de quien vive con lo justo al mes. Basta ir por la calle para darse cuenta de que la precariedad se ha instalado en la sociedad.«Eres mileurista. ¿Qué más quieres, viendo cómo está todo?» Hemos llegado al punto de normalizar la vergüenza ajena de quienes nos gobiernan y de quienes gestionan las empresas en las que trabajamos. En España haya gente que no tiene trabajo o que gana menos que uno mismo, y eso no hace que quien cobra lo mínimo por trabajar (faltaría más) tenga que dar las gracias porque “por lo menos” no vive en la inmundicia.

Es frustrante y duro ver a quienes viven al día, sin más expectativas y con agobios continuados, por las reglas que les han obligado a asumir para no ser expulsados del juego. Los que están en una posición más elevada que nosotros quieren hacernos creer que es normal vivir por y para trabajar en precario, y hoy por hoy no veo dónde puede estar el final. A pesar de todo, soy una romántica y creo que esto cambiará. No sé cuando. Demasiados egos y muy poca humanidad de seres humanos que ignoran lo que no tiene que ver con ellos… Pero estoy tranquila: el mundo está lleno de gente formada académica y profesionalmente, ambiciosa, con sueños –tenga la edad que tenga–, consecuente y con ganas de un futuro de todo menos precario.

Texto y foto: Natalia Fuster / Banksy expo Amsterdam ’17